“I’LL MARRY THE FIRST GIRL TO DANCE WITH ME TONIGHT”

Mr Nobody movie image

 

Con esa frase Nemo Nobody le explica a su padre el sinsentido de la vida. Sale y termina casándose con la preciosa oriental que le regala un primer baile. Y con la rubia que anda enamorada de un chupa-de-cuero indeterminado pero que cede a su determinación. Y con Anna, la hija del novio de su madre, con quien mantiene su más pura historia de amor de los 15 años y se buscan y se encuentran mucho tiempo después.

La memoria es como un anciano senil de 118 años que mezcla recuerdos, caras, anécdotas, sujetos y actantes porque los recuerdos son una creación, o mejor dicho, una recreación de nuestro pasado. Pero, ¿cuál es la verdad? ¿Te casaste con ella o no? ¿Tuviste hijos? Da igual, porque “every path is the right path”.

Mr. Nobody es la película más ambiciosa que he visto en mucho tiempo: una indagación de la existencia a través de las múltiples posibilidades que ofrece la vida a un ser humano, objeto de continuas y múltiples decisiones cuyas consecuencias kierkegaardianas no están claras, determinismo versus azar. Cuatro o cinco universos paralelos se distribuyen entre las 3 edades del personaje: como un niño cuyos padres se separan y debe decidir con cuál de ellos vivir, como un adolescente que vive su primer amor o como un joven adulto que se despierta cada día en la cama de una esposa diferente. El anciano narrador y el personaje de la novela que escribe el adolescente Nemo completan el caótico círculo de coincidencias y fatalidades.
“I remember the future”, le dice a su desconcertada madre. “Why did I say…I don’t go swimming with idiots” se convierte en “I don’t know how to swim” y la chica que le habría abandonado al instante se transforma en la mujer de su vida. Todos hemos soñado con cambiar el pasado y vivir una vida diferente. Nemo lo hace de manera inconsciente, hasta cuando cambia de nombre y consigue que lo maten. ¿O no? El filme se erige en el paradigma del posmodernismo, donde nada es seguro ni estable. Pasa de una vida a otra como un torbellino.

El estilo es muy variado, así como sus influencias: del videoclip al documental científico a la ciencia ficción con viaje a Marte incluido a la película años 50 con banda sonora de Mr. Sandman a la historia de amor, y con ramalazos del Efecto mariposa, del espejo de Alicia, de Inception, de Abre los ojos, de Desafío Total, del cine francés, de Delicattessen, una enciclopedia del cine moderno, en definitiva, con transiciones marcadas por una hoja volando por el viento, el agua de una piscina, el color del pelo de una mujer o el sonido del despertador.

El anciano de un mundo futuro donde todos los inmortales tienen cerditos como animales de compañía sentencia las dudas de Nemo y completa el puzle porque “life is a playground”, como una partida de ajedrez con infinitos movimientos posibles, y en un juego de intercambio de voces da marcha atrás de nuevo para volver a modificarlo.

RÍOS DE SANGRE Y SOLIDARIDAD

london-river2

 

Algo más de un año después del atentado de la estación de Atocha en Madrid, tres bombas explotaron en el metro de Londres y una cuarta lo hizo en un autobús. Era el 7 de julio de 2005 y 56 personas murieron en el ataque terrorista. London River, una película a medio camino entre documental y ficción abre con la noticia de los atentados tal y como pudo llegar a gran parte de la población, a través de la televisión y la radio. La vida rutinaria y tranquila de Elisabeth, una mujer británica de mediana edad retirada en su casa de campo en una de las pequeñas islas del Canal de la Mancha, se ve poco a poco perturbada por la sombra de la duda: su hija Jane, de 20 años, que reside y estudia en Londres, no responde a sus llamadas ni a los repetidos mensajes que le deja en el contestador. Tras unos días, vuela a la capital en busca de respuestas. De igual modo, Ousmane, un africano francófono de edad avanzada y residente en Francia durante 15 años, donde trabaja como guarda forestal, es conminado por su esposa, todavía en África, a viajar a Londres en busca del hijo de ambos que aquél no ve desde su partida y llevarlo de vuelta con su madre.

Dos historias paralelas en una metrópoli multicultural con cierta imagen de armonía, paseos interminables por silenciosos hospitales que acabarán por unir a estas dos personas tan distintas en apariencia –él, negro y musulmán; ella, blanca y cristiana- pero tan similares en su sufrimiento. Las iniciales suspicacias se convierten en solidaridad mutua, y deciden continuar sendas búsquedas como una sola, como una inevitable continuación de la relación que mantienen sus hijos.

Estamos acostumbrados a neutros titulares de periódico que incluyen cifras de bajas como si se tratase de datos económicos; o a imágenes instantáneas de guerras lejanas, casi como de ficción. Pero cuando un filme profundiza en los sentimientos y en la ansiedad que provoca la incertidumbre de no conocer el paradero de un hijo, al tiempo que nos muestra un mecanismo de defensa tan humano como el de negar la evidencia para evitar que la supuesta desgracia se nos acerque, es imposible distanciarse como espectador y acabamos empatizando e incluso identificándonos con los personajes.

Leo un editorial de El País sobre las neuronas “espejo”, esas que se disparan cuando otro individuo realiza un comportamiento y provocan la sensación de que es el propio observador quien estuviera actuando. Son ellas las causantes de que el ritmo lento pero in crescendo de esta película te envuelva como si tú mismo fueras la aprensiva Elisabeth o el sereno Ousmane a la espera de que una llamada te devuelva la vida o te arranque para siempre una parte de ella.

Termina la proyección y mi acompañante rusa me pregunta por la relación entre el título y la trama: no se me ocurre qué contestarle.

Tu mujer ideal

simone

 

“I’ve done the impossible. I’ve recreated the infinite nuances of the human being, the human soul”, “God is my judge: I made her!”, “I’m so relaxed around you. I’m so myself”, “Real truth doesn’t work”. Estas son algunas de las frases de S1MØNE, una película un tanto peculiar del año 2002 que revisa el mito ovidiano de Pigmalión –incluso con referencias intertextuales explícitas en sus imágenes- y lo adapta al Hollywood de nuestros días.

Viktor Taransky, un director en el crepúsculo de su vida profesional, encuentra una actriz muy especial que le da un nuevo impulso a su carrera y a sus películas. El único problema es que Simone en realidad no existe, es un avatar creado por Hank Aleno –Elias Koteas- a partir de actrices eternas como Lauren Bacall, Maryl Streep, Audrey Hepburn, Jodie Foster, etc. a gusto del consumidor y de las necesidades de la escena. El éxito de la misteriosa actriz, que acaba convirtiéndose en una pesada carga para Viktor de la que es difícil de escapar, supone una crítica no tan velada al star sytem actual donde actores y actrices jóvenes –también es extensible a futbolistas, cantantes y demás faranduleros- ostentan un poder de convocatoria tal que acaban dominando a directores y productores, cuando en muchas ocasiones no son más meras creaciones que terminan por rebelarse frente a sus creadores, a lo Mili Vanili.

En la película, el público confunde a la actriz con el personaje, y su ausencia en los medios provoca la creación de un mito popular que Viktor no tiene más remedio que destruir. Es inevitable la comparación con Marilyn Monroe, de cuyo fallecimiento se cumple este año el 50 aniversario, aunque esta última no se caracterizó en vida precisamente por su discreción.

Un aspecto muy interesante de la creación de Simone y su forma de interactuar con Viktor es la ventriloquia, cómo es él quien se responde a sí mismo en una conversación con voces manipuladas a través del ordenador, que nos lleva a pensar en la consciencia masculina de una mujer ideal, o incluso de la proyección de uno mismo en esa forma ideal como un acto de máximo narcisismo. Aunque en el fondo Viktor solo busca que lo comprendan como persona y lo valoren como director.

Pero Viktor merece su castigo, como todo hombre que se atreve acercarse al árbol de la ciencia y sisarle el trabajo de la creación a Dios, pero también saca algunas moralejas: que las construcciones irreales son más atractivas que la siempre defectuosa realidad y que el efecto de influencia en el público por parte de ciertos modelos puede generar cambios en la actitud de las personas hacia asuntos necesarios como la solidaridad. Es su hija la que le hace ver en un primer momento que Simone se está aprovechando de él, robándole su vida, y luego que no hay nada malo en crear algo virtual, sino en mentir sobre ello. Aunque eso es algo que a los japoneses no les importa demasiado, en vista del éxito de Hatsune Miku, la S1MØNE nipona.

SPLICE, UN ALIEN CON FORMA DE MUJER

 

 

 

splice2

splice3

El siglo XXI está marcado por avances tecnológicos inimaginables hace apenas unas décadas y una carrera competitiva por inventar que convierte en obsoleta cualquier investigación científica apenas se hace pública. Entre ellos se incluyen los experimentos genéticos con células madre humanas, prohibidos en muchos países. Splice profundiza en la polémica mostrando a una pareja de genetistas saltándose las normas legales y creando seres a medio camino entre pollos, conejos y personas a partir de combinaciones de DNA para conseguir una utopía: la cura de todas las enfermedades y el alargamiento infinito de la vida. La cosa se les va de las manos cuando el ser creado no es una masa informe sino que resulta cercano al ser humano y genera en ellos sentimientos que van desde el instinto maternal hasta la atracción sexual, no permitiéndoles verlo como el simple objeto de un experimento científico.

La estética recuerda al primer Alien, a extraños seres de La Guerra de las Galaxias e incluso a E.T. o a los cameronianos avatares, y el rápido desarrollo fisiológico de la criatura provoca que los personajes de Clive y Elsa estén en cuestión de días frente a un ser adulto al que tratan como a un niño travieso. Las historias paralelas de su vida personal como pareja y su trabajo como colegas en el laboratorio acaban fundiéndose a causa de Dren, el ser que sigue sufriendo metamorfosis incluso después de muerto (de pollo a mujer a anfibio a pájaro a hombre…).
Uno de los temas del filme es la atracción sexual por lo diferente, en este caso otra especie animal mientras tenga un rastro o porción de humano, y ello se puede extrapolar tanto a las relaciones inter-raciales como a una interpretación del mito de Pigmalión un tanto particular, ya que en realidad el nuevo ser ha sido creado por ellos. El mito de Electra, de la hija enamorada del padre y en rivalidad con la madre también es visible en la película, así como el extrañamiento de los padres por parte de los hijos una vez que estos maduran.

La transición del laboratorio al granero donde esconden a Dren y la “humanizan” es una nueva fase del claustrofóbico filme ruralizando una historia urbana y dándole un toque gótico y vampírico. La tensión de la historia continúa subiendo hasta un final un tanto previsible pero necesario, y en un guiño a otro clásico de la ciencia ficción –Terminator– la trama queda suspendida en manos del personaje de una mujer fuerte en espera de que el productor Guillermo del Toro se anime con una secuela.

Blog de WordPress.com.

estudiosdeliteratura

Just another WordPress.com site

El blog de De la Vega

Cine, teatro y literatura

Habaneceres

Literatura, opinión y otros habaneceres, porque habanecer es una perspectiva, un estado de ánimo, un vicio de la memoria