Ya no te quiero, ni siquiera una pizca: Nagai Iiwake

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Las cosas del querer / No tienen fin, ni tienen principio / Ni tienen cómo ni porqué / Así son las cosas del querer.

Y hasta que no las perdemos, no percibimos su verdadero valor, como el personaje de Sachio en esta conmovedora y políticamente incorrecta película 永い言い訳 (Nagai Iiwake, La larga excusa). He aquí el Podcast:

 

And here is a summary in English.

 

Friendship can be a full-time occupation

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‘This man has a gift for friendship’, Scott Fitzgerald tells Thomas Wolf in Genius, a movie about Max Perkins, editor at Scribner’s Publishing House in the 20’s and 30’s. This real character helped many writers, including the mentioned two and Hemingway to get their novels published. Usually the ones who end up filling the lists of History of Literature are only the authors, while those thoughtful and intelligent readers that are editors fall into oblivion. Jude Law plays the character of Thomas Wolf, a man who lives to write, but who also makes his life worth of being told, in terms of experiences. He constantly creates real material for his long and poetic novels. Extremely intelligent, drunken, promiscuous, it was his fate to die at 37 out of a myriad of tumors inside his extremely productive brain.

Genius focuses on the relationship between the two men, writer and editor, like father and son, friends, and the hard work of editing a book that is to be readily consumed by readers. An editor can be the genius who makes a writer successful and his work a Bestseller -that’s the Japanese title for the film-, but also the evil who cripples an original masterpiece, as Nicole Kidman, playing Wolf’s lover, holds it against Max. That fight between spontaneous creativity and the constraining structure of normative language is inside each of us every time we grab a pen, we start pressing keys on our computers or we swipe our finger along the cell-phone’s display.

Fuegos artificiales en Tondabayashi

(ESPAÑOL)

 

Anoche fui a una de las concentraciones que tanto gustan a los japoneses: fuegos artificiales. La ocasión era en Tondabayashi y el origen de este curioso matsuri es religioso: en realidad está promovido por una secta llamada “Libertad perfecta”. A pesar del potencial publicitario religioso de la situación, dicho grupo casi no realiza proselitismo en dicho festival, a no ser de una forma tan sutil que se me haya escapado. Familias, adolescentes y jóvenes embutidos en sus yukatas –servidor incluido- y en sus pelucones, se sientan en el suelo a lo largo de kilómetros para ver los interminables y coloridos juegos de luces que suben, lucen, estallan y mueren en el cielo, consiguiendo sugoys y mecchakireis de los hanabividentes japoneses, que tanto gustan de espectáculos visuales. Interesante aunque sin la alegría osakiana del Tenjin  o el estilo paseante del Gion.

 

 (ENGLISH)

 

Last night I went to the so-called biggest fireworks festival in the world, in Tondabayashi, Japan. The promoters of this even are Perfect liberty, a Japanese religious sect that in spite of the opportunity of the situation, didn’t proselytise much, at least for what I was able to see. Families, teenagers and youngsters in yukata –me too, not young but in yukata- with those Bon Jovi-like hairstyles, are sitting on the floor of one mile of road to see the colourful rockets that fly up to the sky to explode in multiple seeds of lost wishes. People say out loud “Sugoy!” after every new colouring of the sky, and a girl next to me goes on: meccha kirei,na! Interesting, although proper Japanese matsuris like the happy Tenjin in Osaka and the fashionable and walking Gion in Kyoto are much more fun.

Inside and other short fiction

Casi todas las historias de este libro tienen varias cosas en común: están escritas por mujeres japonesas, tratan sobre mujeres japonesas y están escritas en primera persona por una narradora japonesa (excepto la última, la de mayor calidad literaria, aunque hace uso extensivo del estilo libre indirecto). Según los relatos de este volumen, la sociedad a la que se enfrenta la mujer japonesa –cada relato muestra una edad vital distinta- limita su mundo social y expresivo de tal modo que el único escape es a través de sus propias vivencias mentales; por ello el mejor modo de expresar ese mundo interior femenino es a través de monólogos interiores, cuyas diferencias con los diálogos empleados por sus personajes llegan al paroxismo en relatos como “My son’s lips” o  “Her room”, donde los formalismos sociales provocan esquizofrenia comunicativa a sus personajes, que acaban cayendo en la depresión. “The unfertilized egg” utiliza alegorías “con mayúsculas” para describir los diferente estados de ánimo de la protagonista, ya en los treinta y tantos, distanciándola del lector y desdoblándola, como si de distintas personas se tratara, y haciendo uso de simbología onírica y reflexiones filosóficas. Es mi favorita. Aunque lo que de verdad muestran todos los relatos es la visión femenina de su lugar en la sociedad japonesa y las dificultades para poder desarrollarse como personas en la misma; también, las dificultades vitales y las vilezas a las que son sometidas por los hombres, que terminan por utilizarlas para el sexo o el dinero, como se ve en “Piss”, el relato más explícitamente sexual de todos, donde una prostituta de apenas 20 años lidia con muchos de clientes creativamente perversos y un novio buscavidas.  Al igual que en la novela “Grotesque”, de Natsuo Kirino, los personajes masculinos brillan por su ausencia o tienen una caracterización tan plana que es como si no existieran, no entendieran o no quisieran entender a las mujeres, que se afanan en intentar entederse a sí mismas. Un libro muy recomendable por su valor sociológico, aunque de calidad literaria un poco discutible.

Tenjin Matsuri

Dos días de yukatas, puestos ambulantes y humeantes de yakisoba y yakitori , una casa del terror cuyos cobradores asustaban más que lo que pudiera haber dentro, fotos, sonrisas, pelucones indecentes, turistas perplejos, bellezas niponas, y un decepcionante fuego de artificio: así fue el Tenjin Matsuri de 2007.

高校

Institutos en Japón vs. Institutos en América

El otro día tuve la oportunidad de visitar un instituto público en la ciudad de Osaka. Había un concurso de Show-and-tell en inglés y necesitaban jueces extranjeros, así que me invitaron a asistir. Otro día me invitarían a una presentación cultural.

En Shiraishi Island, hace un par de años, también visité otro “cocó”y da la sensación que cuando has visto uno, los has visto todos: el diseño es exactamente el mismo; los materiales, los colores, las salas y las clases.

Pero de lo que me interesa hablar es de los alumnos. Paseando por los pasillos y observando a los estudiantes, se percibe una armonía y un respeto hacia los profesores y las normas que ya me habría gustado a mí en mis tiempos de profesor en USA. El comportamiento de los chicos y chicas parece un poco infantil para su edad, al menos en el exterior, y no hay faldas excesivamente cortas entre las chicas, como se ven a menudo por las calles. Hablando con ellos la percepción de inocencia se multiplica; Saludan y miran al extraño, pero con respeto y curiosidad. Con los profesores tienen una relación abierta y de confianza, sin reservas, casi como un rol parecido al de padre-hijo, como todavía sucede en Latinoamérica; y dado el carácter no asertivo del japonés, lo que dice el profesor, va a misa.

En Estados Unidos es bastante distinto: el estudiante es asertivo, defiende sus propias ideas o al menos así ha sido educado; y en ocasiones, el profesor es el enemigo, alguien a quien pagan –muy mal, por cierto, en comparación con otros trabajos- para poner trabas a su libertad, pero también una persona con la que se puede hablar de tú a tú e incluso discutir de forma respetuosa.

Dos modelos muy distintos, con sus ventajas e inconvenientes, que crean dos tipos muy distintos de personas.

(ENGLISH)

The difference between American and Japanese high-schools is huge and it has to be with the different ways of treating the raising of the children in both societies. In America self-assertion, individualism, criticism and challenging behaviour -even towards the teachers- is promoted, while in Japan students tend to be more respectful, quiet in class, a bit naive compared the Americans, and little argumentative.

The results can also be seen in the society, being the schools a preparation for real life: in Japan, submission and attachment to the company; in America, professional mobility and individuality; in Japan, value of the senioririty and manners; in America ,value of results. In Japan, quite relaxed atmosphere in schools -at least for teachers, always treated with highly respect-; in America, confrontation, some times even physichal, with them.

GROTESQUE

Todos los personajes de esta novela de la autora japonesa radicada en Tokio están tocados por un aura de fatalidad y problemas de personalidad. Aunque la narradora de gran parte del libro es la hermana mayor -de quien obtenemos gran parte de la información, inevitablemente sesgada- de una familia mixta japonesa-suizo- la verdadera protagonista es Yumiko, el monstruo de la naturaleza que con su belleza condiciona a todos los que pasan por su vida, y condiciona su existencia misma al hacerla dependiente de la adoración externa. Como si de un estudio sociológico se tratase, nos muestra la vida en un instituto de élite para señoritas en Tokio, con todas sus miserias, materialismo y conciencia de clase, como una muestra de la sociedad al completo. El siguiente ambiente retratado es el del mundo laboral japonés, machista, amiguista, opaco, en el que las mujeres apenas tienen espacio. Y también el de la oculta prostitución japonesa, como en una escala desde los selectos ambientes de lujo hasta la más baja y miserable por la que vemos descender a las protagonistas. De hecho, durante toda esta novela de mujeres, va surgiendo la no tan implícita premisa que nos propone su lectura: éste es un mundo de hombres y la única arma de las mujeres en él es el sexo: Yumiko lo utiliza por egoísmo, para saciar su insaciable lubricidad de deseo masculino; para Saeko es una forma de control que compensa sus frustraciones infantiles y profesionales; y para la principal narradora, un simple medio para obtener un fin muy específico.

Novela básicamente psicológica por el estilo de narración en primera persona, el continuo cambio de narradores –incluyendo un relato autobiográfico escrito por un chino- y de formatos: narración, cartas, informes policiales, diarios, hace su lectura muy dinámica, aunque a veces parece poco consistente. Por lo menos entretiene al lector en completar el puzzle informativo que acaba por no poder ser completado, porque da pie a numerosas posibilidades, propias de nuestro mundo posmoderno.

(ENGLISH)

Grotesque is a novel about women in Japan, but also about women in the world, a cry against the male-oriented society that makes “girls” become sexual objects, either for the sake of it (Yumiko), for power, money and frustration (Kazue) of for the love of a blind lover. It shows a high-school, a company and the prostitution world, the three of them interconnected bythe coming of age and declineof the main female characters in the novel -indeed the male ones are either dumb or quite feminine-. Almost all of them are touched by insanity, frustration, compulsive sex behaviour and are oriented toward theirown destruction, maybe as damnation.One of the interesting things of the novel isits structure: different narrators, different formats -monologue, diaries, letters, police reports, etc.- and different points of view that help the reader to almost finish the puzzle, although the subjectivity and the hidden motives of the narrating characters leave some ambiguity in the explanation of the events. But that’s the way it is in this post-modern world we live in, isn’t it?

¿Japón, una sociedad gregaria? Japan, a gregarious society?

La tendencia del pueblo nipón a sacrificar sus vidas personales al grupo tiene sus límites. Me explico: se considera que la japonesa es una de las sociedades más gregarias que existen, todo se hace en, por y para el grupo. Pero al mismo tiempo cada individuo es una especie de isla para con su familia, sus colegas de trabajo e incluso para su cónyuge. No es que las personas sean perfectas desconocidas, pero el flujo de comunicación y de información personal al que estamos acostumbrados los occidentales y, especialmente, los hispanos, es inexistente. Muchos occidentales se quejan, me explica Yuko, una de mis alumnas ya maduritas y experta conocedora de las relaciones interculturales, de que las mujeres japonesas son frías con ellos, de que no son cariñosas, que no les hablan. No es que sean especialmente frías con ellos –nosotros- sino que solamente repiten el patrón que han visto en sus casas y para el que han sido programadas socialmente: los silencios son la norma y los convencionalismos sociales ocupan gran parte de la conversación. Recuerdo una película francesa que vi en América hace unos años sobre un hombre joven que se involucra con una mujer japonesa y engaña a su novia gala. Cuando confiesa su infidelidad, explica que en realidad no la está engañando con otra mujer, sino con algo completamente diferente, dado el aspecto físico pero sobre todo el comportamiento imprevisible y misterioso de su amante. Al principio está fascinado por ella, imaginándola como el sumum de su fantasías de exotismo, pero al final los silencios terminan por cansarle y la abandona por su embarazada joven esposa francesa. Algo parecido les sucede a los extranjeros que “caen en las garras” de las niponas, aunque a muchos esa fascinación les dura eternamente. Yuko también me cuenta que salir con un extranjero, i.e. europeo o norteamericano, está de moda, y que muchas chicas jóvenes nos llevan a su lado como quien pasea un bolso de Louis Vuitton o algún complemento de Channel.

Volviendo al asunto de la comunicación, el grupo y la individualidad, creo que lo gregario de los japoneses no es tanto por su dependencia o adhesión al grupo como por la constricción comportamental a la que les obliga la sociedad: la expresión pública de los sentimientos es socialmente punible, especialmente cuando se trata de mostrar enfado, llevar la contraria o recriminar educadamente algo a alguien. Aparentemente, todo el mundo está de acuerdo, pero en el fondo, su forma de escapar a ese forzado consenso es el aislamiento comunicativo: si no hay comunicación, no hay desacuerdo, es más, hay sensación de libertad. Y así, los tópicos triviales y menos susceptibles de originar un conflicto (el tiempo, lo isogashi que se está en el trabajo, etc.) son la estrella en las conversaciones. Otra forma de escape es la falta total de contacto con el otro, incluso visual. Cualquiera que vaya en metro por esos pasillos interminables a horas punta entenderá lo que digo: hordas de salaryman, fashion-victims, mujeres, niños y demás seres humanos caminan en hipotéticas lineas paralelas que no han de cruzarse, ni siquiera con la mirada. En ello, especialmente las Shibuya y Shinsaibashi girls me recuerdan a las estudiantes gringas de la Universidad de Arkansas, que llevaban pantaloncitos de deporte a la altura de la ingle pero estaban dispuestas a demandar por acoso sexual al varón que se volviera a mirarles las piernas. El sexo como forma de control y poder por parte de la mujer es una de las viejas historias del mundo, como la huelga de sexo de las griegas…

Volviendo a la comunicación, o a la falta de comunicación, la forma en que las chicas japonesas rechazan las invitaciones o aproximaciones sentimentales o sexuales masculinas siguen ese mismo patrón, el de los silencios. “The fact that a Japanese girl gives you her cell-phone email doesn’t mean that she is going to contact you or answer to your advances. She just wasn’t able to say no when you asked for it”-le digo a Andrew junto a un café en nuestra monotemática cita pseudo-intelectual de los lunes por la tarde en Starbucks . La diferencia en los ritmos sociales entre ambas culturas y la influencia del trabajo en la vida de cada persona también difieren, aunque esto último requiere ello sólo otro artículo. Falta de asertividad, presión social, aislamiento: factores inseparables del pack japonés de la supuesta sociedad gregaria.

 

 

Japan is supposed to be a very gregarious society but actually, although apparently everyone sacrifices his life to the all, to the group, individuals have different ways to escape from that lack of public individuality: through isolation; isolation from family, colleagues, and even husband/wife. Yuko, one of my middle-aged students, tells me that many foreigners complain about the lack of tenderness from their Japanese girlfriends. I think it’s simply a lack of fluid communication, a pattern that is quite normal in Japan, and has to be with the bubble that all of them have built around themselves. There was a French movie I saw in America about a just married French young man, who cheats on her young beautiful with a Japanese woman. When he confesses his “crime”, he claims that his action was not cheating, since that woman is not human. Her mysterious silences, her exotic appearance gave her an extra-terrestrial aura. But he ends up tired of the silences and goes back with the sensitive and tender pregnant French wife. Many Western men follow that pattern in their relation with Japanese women but for many of them, too, the illusion of exotism never ends. Yuko also tells me about how now it’s fashionable to have a foreign –European or North American- boyfriend, and that some Japanese young women walks them as if they were a Louis Vouitton’s bag or a purse by Channel.

Going back to isolation, the non-communication and the silences is a way to overcome the society restrictions, each person being an island in a 200 million-island archipelagos. When you walk along the long corridors of the subway at rush hours, you can see how every single person follow his/her destination without noticing about anything around him/her. But there are parallelisms: the Shibuya or Shinsaibashi girls remind me of the American female college students at the University of Arkansas who with such short shorts that there was no place to imagination, but if a male dared to stare at their legs, they would be willing to file a harassment case. In Japan it’s bad manners to stare at people because it breaks that so much desired isolation.

The way Japanese woman have to make refusals over male sexual or sentimental advances is a one of silences: “The fact that a Japanese girl gives you her cell-phone email doesn’t mean that she is going to contact you or answer your invtations. She just wasn’t able to say no when you asked for it”-I tell Andrew over a coffee in our Monday afternoon monothematic meeting at Starbucks. There a few more factors that can explain the everyday misunderstandings between cultures but most of them have to be with social rhythms, lack of assertivity, social pressure, isolation and silences.

ペットの犬 o ¿Cuánto pagaría usted por un perrito?

Una de las pocas cosas que los japoneses tienen en común con los británicos es su amor por los animales domésticos, especialmente si son de tamaño reducido. Perros y gatos son miembros más de la familia y tratados como tales, vestidos y peinados a la moda. Un vecino y amigo mío de hace muchos muchos años solía decir: “Si quieres un amigo, cómprate un perro”. Es cierto: siempre están ahí, a tu lado, pendientes, son relativamente obedientes, compensan las deficiencias emocionales con el resto de los humanos -familia incluida-, pero también requieren cierto compromiso y cuidados, y en Japón, son carísimos: el perrito de la foto alcanzaba la pequeña suma de 2.500 euros, pero había otro en la tiendas de marras de Shinsaibashi que llegaba a los 4.000.

日本人とイギリス人はペットが大好き。犬と猫は家族に所属します。何で?ペットはやさしくて誠実で感動的不足のための使います。でも、ちょっと高い。写真の犬は400.000円でその心斎橋の店のほかの犬は600.000円です!

I think that one the things the Japanese have in common with the British is their love for domestic animals, especially if they are small. The need of giving and receiveing emotional caring, when is not so likely to happen in the human society must be looked for in other beings: cats and dogs. Japanese pets wear those elaborated and funny dresses nd hairstyles and are considered fully members of the family, if there is a family. But they are a bit expensive. The dog in the picture cost around 3,500 dollars but another sleepy little one in the same shop reached 5,000!

Hanami II (花見 II)

El hanami de los sakura también es tiempo de celebración, muy a menudo etílica. Este fin de semana, los salaryman osakianos acabarán caminando a cuatro patas a altas horas de la noche por las cuatro esquinas del parque del castillo. Hasta entonces, nos conformaremos con esta idílica imagen de unos colegas profesores de inglés que lograron conuistar mi amistad con una botella de vino tinto y música de los 80.

週末にはサラリーマンは大阪城来て酔っているになります。仕事の安心で自分になります。平日は家族と若い英語の先生は公園に来ます。私は自転車で寛いだ散歩をしていたPeterと友達を見て豆と赤ワインと冗談を分けた。

In Hanami time, salaryman tend to get really drunk, to the point of walking on four legs, especially on the weekends. Riding my old-fashioned bycicle around Osaka-Jo I saw Peter and friends (that movie…) and I couldn’t refuse his offer to sit and share red wine, stories and music form the 80’s.

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