UN FILÓSOFO EN KIOTO

eliacer

 

Hoy hemos tenido en Kyoto Gaidai al tremendo escritor, profesor de filosofía de instituto de barrio y comunicador nato Eliacer Cansino, que además acaba de ganar el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil con su última novela “Una habitación en Babel”. Afable, siempre con la sonrisa en los labios y mostrando un interés casi juvenil por todas las cosas suyas y ajenas, en un español clarito y despacito para que se enteraran los estudiantes japoneses, nos ha contado acerca de sus creaciones literarias y su manera de ver el mundo.
Para Eliacer Cansino, la infancia es un momento especial porque en él se puede vivir el presente de forma más plena sin preocupaciones sobre el pasado o el futuro. Además, es cuando se percibe de forma más pura el mensaje de los primeros libros, sin la mirada crítica del lector adulto, que tiende a proyectar su propia vida, imagen y experiencias en ellos. La filosofía y su trabajo de profesor de adolescentes en un instituto de un barrio obrero de Sevilla le han proporcionado material o al menos la inspiración para el libro que le ha valido el prestigioso premio la semana pasada, y que trata sobre la relación entre un profesor y un joven estudiante inmigrante africano en España. Y ese es su actual método de trabajo –responde Eliacer a la pregunta de mi estudiante Satoru-: a partir de un ejemplo concreto o de una anécdota, le sale un libro, con el que intenta transmitir su propuesta moral que supone el valor de la dignidad humana y una cierta esperanza para el futuro; porque los jóvenes deben tener esperanza. Con ello, este filósofo escritor parece huir de los relativismos excesivos y del nihilismo de la sociedad actual.
Pero donde el escritor se ha extendido más ha sido al hablar sobre su obra “El misterio Velázquez”, por el que ya obtuviera el Premio Lazarillo en 1997: ahí se mezclan el trabajo de investigación sobre la época más la libertad del autor para completar los rincones oscuros que los historiadores no han logrado iluminar. Y Cansino le da protagonismo a un personaje ignorado en su tiempo, y lo rescata del olvido mediante la literatura, ya que para él, ésa es una de sus funciones (y con esto el escritor responde a Kumiko).
Su traductora al japonés, Kazumi Uno, traductora también de “Soldados de Salamina” de Javier Cercas, me comenta al final de la conferencia los retos que se ha encontrado para traducir sus libros, especialmente cuestiones de tipo cultural, ya que el público objetivo japonés que leerá esas traducciones necesitará aclaraciones acerca de nuestra sociedad e historia, aclaraciones que Uno prefiere incluir de forma natural en el texto, ya que las notas distraerían al joven lector y no le permitirían sumergirse de lleno en la historia del libro.
Un verdadero placer tener eventos como este en la universidad y poder conocer a personas tan interesantes que te hacen reflexionar sobre las cosas con la mirada de aquel niño que eras hace 25 ó 30 años.

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